miércoles, 20 de mayo de 2020

EL CANTANTE DE TANGO


Antonieta

Historia 

Siempre espera cerca del teatro tres horas antes del show. 

Contempla cada espacio como si fuera la última función de su vida. Le gusta estar preparado y ver el escenario antes de empezar. Allí se queda, en medio de todo, a poca luz. Prepara su voz, listo para dar un buen espectáculo.

Siempre mejor que el anterior, es lo que pretende. Le gusta que el público desee escuchar más, después de haber terminado, así es el tango.

Provoca sentimientos de profunda pasión y deseo a quien lo escucha, y más, a quien lo interpreta. Observa las butacas en el teatro, esos bellos asientos forrados de terciopelo rojo, cómodos, tan amplios. 

Aquí se han sentado personajes importantes: políticos, artistas, deportista, profesionales, y personas tan normales como yo, que buscan escuchar el bello sonido de mi voz, pensó el cantante.

Él sabe que es del gusto de las personas, muchos le dicen el talento que tiene, provoca admiración por eso cuida su voz, como un tesoro. Nada tiene más valor para él. El teatro es esplendido , lleno de adornos sutiles y elegantes como los mejores de Europa.

Piensa, cómo se sentirá estar en uno de sus asientos, estar entre el público y poder escuchar su propia voz, ver desde allá todo lo que hace, ser un crítico o admirador de su trabajo. 

Mientras estaba en el escenario reflexionaba de todo lo que pasaba a su alrededor mientras cantaba.

 —¿Qué dirá el público cuando me escucha cantar? Podrá en algún momento hablar con ellos.  

—¿Qué sienten con los tangos que interpreto? Dijo

Será demasiado osado acercarse al público.
 
No está acostumbrado a tener contacto con ellos, no más que con aplausos y elogios. Ensaya nuevos pasos, diferentes formas de moverse, a pesar de su avanzada edad le gusta improvisar movimientos distintos.

El tango desborda emociones, el público tiene que sentir amor, felicidad, melancolía y nostalgia, eso quiere lograr. A él le gusta ver llorar a hombres y mujeres, por igual, su canto llega a los sentimientos.

Eso puede provocar una buena interpretación y el tango tiene todo para hacerlo. Piensa en su puesta en escena junto a los bailarines, como podrá ser mejor, nunca está satisfecho, busca la perfección.

Los bailarines son excelentes, los mejores están con él, los escoge cuidadosamente. Tienen que estar unidos como las ramas de un árbol al tronco, estar en armonía.

Es así, forman un buen equipo, el público lo percibe. Un día tomando su acostumbrado café, sin azúcar, en el bar de siempre, en la ciudad de Buenos Aires,  a donde va todas las mañanas por más de 20 años, escuchó a unos jóvenes hablar de su teatro. 

Se referían a la asombrosa voz del cantante, eso lo hizo sentir feliz como hace un tiempo no estaba.

Unos jóvenes hablando del teatro, de mí y del tango, pensó emocionado. 

Hacía mucho tiempo que no veía, ni escuchaba a personas tan jóvenes hablar de su música. Sintió que todavía le queda mucho por hacer. Todavía su camino no ha llegado a su fin, la vejez no lo  detiene, su tiempo no ha terminado.

El cantante abrió los ojos, y de repente todos los músicos, bailarines y personal médico estaban a su alrededor.

Todos lo llamaban: 

 —¡Cantante! ¡cantante! 

 —¿Cómo se sienten?


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