Translate

viernes, 27 de noviembre de 2020

DOGS ALSO SING/ LOS PERROS TAMBIEN CANTA

 

Antonieta

(Story) 

You always find grandparents sitting on the benches in the squares, chatting in cafes or sometimes you see them holding hands with their grandchildren in playgrounds, but above all they walk the streets walking their dogs, those pets that become in their life partners. 

One day walking through the park I met Salvador, a very interesting grandfather, he was walking with his pet, a medium-sized brown puppy that he had rescued from the street since he was little, full of fleas and with terrible scabies that had plagued him since That Christmas Salvador did not rest until he saw him healthy and strong. 

When he grew up, he knew how to sit, play dead, stand on two legs, wave with one paw, and he taught him to sing his favorite song with him, La Malagueña, yes, it was incredible how he could do it, in his howls you can hear the accompaniment to the music, dogs are extraordinary beings, in the park when they walked that was the attraction most requested by those who know him, that's how he earned everyone's affection. 

Salvador told me that his pet saved him from loneliness when he least expected it and he saved him from dying in the streets, from that time he became his best companion and friend that one day when he was singing at home without any training he began to sing with him, but he only does it when he sings La Malagueña, that song has been more than his favorite, it is the best friendship connection with his pet.




Versión en Español 

Antonieta 

Cuento 

A los abuelos los encuentras siempre sentados en los bancos de las plazas, en los cafés charlando o a veces los ves tomados de las manos de sus nietos en parques infantiles, pero sobre todo caminan por las calles paseando a sus perros, esas mascotas que se convierten en sus compañeros de vida. 

Un día paseando por el parque conocí a Salvador, un abuelito muy interesante, caminaba junto a su mascota, un perrito mediano de color marrón que desde pequeño lo había rescatado de la calle, lleno de pulgas y con una terrible sarna que lo agobiaba, desde esa Navidad Salvador no descansó hasta verlo sano y fuerte. 

Cuando creció sabía sentarse, hacerse el muerto, pararse en dos patas, saludar con una pata y lo enseñó a cantar con él su canción favorita, La Malagueña, sí, era increíble como podía lograrlo, en sus aullidos se puede notar el acompañamiento a la música, los perros son seres extraordinarios, en el parque cuando paseaban esa era la atracción más solicitada por los que lo conocen, así se ganó el cariño de todos. 

Salvador me contó que su mascota lo salvó de la soledad cuando menos lo esperaba y él lo salvó de morir en las calles, desde esa vez se convirtió en su mejor compañero y amigo que un día cuando cantaba en su casa sin ninguno adiestramiento comenzó a cantar con él, pero solo lo hace cuando canta La Malagueña, esa canción ha sido más que su favorita, es la mejor conexión de amistad con su mascota. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario


Comenta qué te pareció el relato. Gracias...