Antonieta
[Microcuento]
-Señor ¿cuántos dedos ve aquí?, interrogó la autoridad.
-Diez
-¿Está ebrio?
-¡Le juro por Dios que no! -exclamó el acusado
-¡No jure por Dios! ¡Ya usted se condenó!
-Esto lo podemos resolver, le doy el doble de lo que ganaría en un año, insistió el acusado.
-¿Cómo me va a ofrecer dinero a mí para que oculte su crimen?
-¡No hice nada!
-¿Qué le pasó a su familia?
-Están en casa esperándome.
-¡Usted no sabe lo que hizo por estar ebrio!
-No recuerdo nada.
-Le invito un café para que reaccione.
***
El acusado llora desconsolado y grita de dolor. Los que esperan en la fila su turno lo miran con tristeza. Todos tiemblan, no saben si por el miedo o por el ambiente helado del purgatorio.


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